Irlanda reivindica desde hace siglos ser la cuna de la destilación europea. Los monasterios irlandeses, en contacto con la tradición árabe a través de los intercambios altomedievales, habrían sido los primeros en aplicar las técnicas destilatorias a los cereales fermentados. La primera mención escrita del «uisce beatha» —«agua de vida» en gaélico irlandés, origen etimológico de la palabra whisky— se remonta a los Annals of Clonmacnoise, en el siglo XIV.
La edad de oro victoriana
Durante gran parte del siglo XIX, el whisky irlandés fue el destilado dominante en el mundo. Dublín albergaba las mayores destilerías del planeta, entre ellas Jameson, Powers y Roe & Co, cuya producción se exportaba masivamente a los mercados británicos y a Estados Unidos. En su apogeo, el whisky irlandés superaba en ventas globales al whisky escocés.
El colapso del siglo XX
Varios factores concurrieron para provocar una crisis casi terminal de la industria irlandesa: la guerra de la independencia y la posterior guerra comercial con el Reino Unido, la Prohibición estadounidense entre 1920 y 1933, la resistencia inicial de los productores irlandeses a adoptar el alambique de columna y la competencia agresiva del blended escocés.
De más de treinta a apenas dos destilerías
A mediados del siglo XX, Irlanda había pasado de contar con más de treinta destilerías activas a apenas dos: la nueva planta de Midleton, en Cork, resultado de la fusión de las principales casas del sur, y Bushmills, en Irlanda del Norte. Aquella concentración salvó a la industria del colapso definitivo pero redujo drásticamente su diversidad.
El renacimiento contemporáneo
A partir de los años ochenta, y especialmente durante las dos últimas décadas, el whisky irlandés ha vivido un renacimiento espectacular. La apertura de nuevas destilerías —Cooley, Kilbeggan, Teeling, Dingle, Waterford— ha devuelto la diversidad al sector. Hoy existen más de cuarenta destilerías activas en la isla, la mayoría de ellas fundadas en los últimos veinte años.
El estilo distintivo
El whisky irlandés se caracteriza por una destilación habitualmente triple, que produce un destilado más ligero que el escocés, y por la existencia del estilo Single Pot Still, exclusivo de Irlanda, elaborado con una mezcla de cebada malteada y sin maltear. Este estilo, hoy protegido por indicación geográfica, es uno de los grandes activos del renacimiento irlandés.